Posted 14 mayo, 2014 by Consumidor in Blog
 
 

Fotografía del siglo XXI: un archivo de la cotidianidad

El encuentro de las cámaras digitales con los teléfonos celulares han dado origen a una revolución: el Smartphone, un dispositivo que, aunque sirve para mil y un maravillas, destaca por poseer una cámara que le permite a su dueño no sólo capturar la realidad tal y como la ven sus ojos, sino compartirla con el mundo (o al menos la parte de él que “lo sigue” en alguna de las numerosas redes sociales).

Al hablar de fotografía podemos referirnos tanto a un arte como a una tecnología. Pero, en un nivel superior, se trata de la vida; básicamente porque deja registro de ella. Hoy, la imagen modela nuestra imaginación, nuestros valores y nuestras actividades.

Desde su invención a principios del siglo XIX, la fotografía no había sufrido cambios tan revolucionarios. O al menos no en el sentido de que lograran universalizarla hasta convertirla en un lenguaje por sí mismo, dominado por cada vez más personas.

La fotografía del siglo XXI trasciende por mucho su definición tradicional como pasatiempo, profesión o arte, para convertirse en parte esencial de la vida cotidiana del ciudadano común, que al poseer una cámara disponible la mayor parte del tiempo, ha comenzado a aprovecharla de manera muy diversa.

Sin embargo, no todo es aplausos y likes. Son muchos quienes repudian esta tendencia, pues sostienen que ahora las personas tomas fotos sin saber en realidad cómo hacerlo, pues los dispositivos lo resuelven todo.

En palabras del insigne fotógrafo Pedro Meyer: “La fotografía se ha vuelto algo tan común que se ha convertido en un producto, se le ha quitado su aura de sofisticación, singularidad, o el mérito de ser vista como una forma de arte”. Tal como leer y escribir, o usar una computadora, la tecnología ha democratizado la capacidad de hacer imágenes; el arte es otra cosa.fotografía del siglo XXI

 

Un alcance inaudito, pero ¿efímero?

Por primera vez en la historia, un tercio de la población mundial tiene una cámara o acceso a una de ellas. Se calcula que diariamente se hacen 1.2 millones de fotografías por día, lo que resulta en medio billón al año[1].Desde el boom de los smartphones hace aproximadamente cinco o seis años, quien tiene uno ya no sólo está localizable todo el tiempo, sino que –entre otras cosas− accede a cámaras cuya calidad va de aceptable a excelente; y provocando que cada momento, lugar o acontecimiento, nutra la red para multiplicar la simultaneidad de la vida al compartirla con nuestros contactos y seguidores.

Este hecho ha transformado no sólo el número de fotos que tomamos, sino el uso que les damos. En el pasado tomábamos fotos por una razón específica, usualmente para documentar algo o guardar la memoria de un acontecimiento o persona: la boda, la abuela en la flor de la juventud, las navidades, y cualquier otro momento o lugar digno de recordarse.fotografía del siglo XXI

Después de todo, había que comprar rollos que luego habría que revelar, y también pagar por ello. Hoy tomamos fotos con una cámara que está tan cerca como el celular, y así, el teléfono se ha convertido en, literalmente, una extensión del cuerpo.

¿Qué nos inspira a tomar una foto? Muchas veces ni siquiera hay respuesta a ello, pues las imágenes van desde lo trivial hasta lo increíble, desde lo superfluo hasta lo invaluable.

Hoy se toman fotografías de objetos o situaciones que usualmente dejaríamos pasar por no tener una cámara a la mano; documentan lo cotidiano, los detalles del día a día: botes de basura, calles aglomeradas, platos de comida, uñas, atuendos, grafitis, cualquier figura o expresión humana se convierten en personificaciones del mundo que nos rodea. Y ni hablar de los autorretratos (o selfies), que están a la orden del día: tomarse fotografías uno mismo se ha vuelto la nueva forma de mirarse al espejo.

 

De lo efímero a lo duradero: ¿qué ha cambiado?

Esta tendencia no es ajena al mundo del arte o de la fotografía destinada a un uso profesional. El desafío es convertir los momentos cotidianos en obras de arte, en capturar los acontecimientos imprevistos para transformarlos en material periodístico, educativo, histórico, en evidencia policiaca, o incluso para la ciencia. La imagen se ha convertido en un medio importante desde el cual percibimos y conocemos el mundo y, por eso mismo, conocer su lenguaje y saber manipularla son ya un conocimiento básico de la alfabetización digital.

Anteriormente, tomar fotos era un proceso que se llevaba a cabo en etapas; sin embargo, con la evolución de la tecnología éstas tienden a compactarse hasta prácticamente pasar imperceptibles:

Captura y retoca

Ya sea dese una cámara digital o desde tu teléfono inteligente, hoy puedes tomar fotos de calidad sin tener grandes conocimientos fotográficos. En automático, la cámara encuadra, enfoca, ajusta la luz y la profundidad de campo, reconoce si el tema es un rostro, un detalle, un grupo o un paisaje; en fin, sólo se debe apuntar y disparar, y la imagen saldrá en la pantalla.

Las cámaras de algunos smartphones incluyen, lentes de calidad y una variedad de herramientas de captura; todas ellas bastante amigables con el usuario (mucho más que las de una cámara profesional). Eso sin mencionar la plétora de aplicaciones que amplían las capacidades de la cámara, sin tener que gastar en equipo extra. Caso contrario a los dispositivos tradicionales, en los que los lentes accesorios llegan a ser más costosos que el propio cuerpo del equipo. Lo mejor de todo es que el celular siempre lo traes contigo y las cámaras suelen ser aparatosas, además de delicadas.

Las fotos tomadas con un teléfono inteligente –o incluso con una tableta− pueden ser editadas en el equipo, pues existen aplicaciones que en su mayoría cuestan menos de un dólar (12 pesos) y que te permiten hacer, en la pantalla de tu celular, gran parte de lo que harías en costosos programas de edición de imágenes como Photoshop. Esto hace mucho más fácil tomar fotos y editarlas al momento, sin tener que descargar en la computadora y dedicar tiempo a la edición.

El proceso de edición es rapidísimo y no se limita a mejorar la foto, sino a manipularla por completo: recortarla, cambiarle el look, el color, darle apariencia vintage, cinematográfica, futurista, y hasta donde la imaginación alcance.

fotografía del siglo XXI

Organiza y comparte

La costumbre de sacar el álbum de fotos para que la visita conozca la historia familiar está próxima a caer en desuso. Actualmente, la mayoría de los álbumes se guarda en el disco duro o en la red; y, en el mejor de los casos, se imprimen sólo algunas fotos especiales.

Guardar en la red está ligado al acto de compartir. Subir fotografías y videos instantáneamente a redes sociales, desde una conexión a internet Wi-Fi o 3G es lo que ha hecho de la fotografía una actividad cotidiana, que es común prácticamente a todas las redes sociales y no sólo Facebook o a las que fueron creadas expresamente para compartir y mostrar fotos, como Instagram o Flickr.

Esto tiene sus ventajas, pues el material que soporta la imagen no se desgasta. Sin embargo, se debe considerar que la tecnología cambia, y que si las fotos no se imprimen o se guardan en los formatos más actuales, puede llegar el día en que ya no existan aparatos para acceder a ellas, porque habrán sido descontinuados. También hay que considerar que los gadgets y computadoras también se dañan, y que es muy factible perder la memoria del disco duro o extraviar el celular. En estos casos puede ser más doloroso que cuando se velaba un rollo de fotos. Subirlas a la nube, enviarlas por correo o utilizar discos virtuales como el Google Drive o Dprobox puede salvar la situación.

 

El imperio de la imagen

La pregunta obligada: ¿qué sigue? La respuesta es simple: lo inesperado. La popularización de la fotografía vino de la mano de la capacidad de sus fabricantes para, primero, producirla en masa, y segundo, para convertirla en parte de la vida de las personas. De igual forma, el abaratamiento de sus soportes –el digital en vez del papel− provocó que sacar una foto casi costara nada.

El auge de la fotografía no podría ser vaticinado unas décadas atrás, básicamente porque su incorporación a los celulares hizo que nuevos usos la reformaran desde adentro. Hoy en día las fotografías son más cotidianas, espontáneas y, por qué no, deleznables. Sin embargo, los cambios que puedan traer las nuevas tecnologías –como la realidad aumentada− o los nuevos sustratos –como los hologramas− quizá puedan darle un nuevo giro de 180 grados, o incluso pasarla de largo.fotografía del siglo XXI

Por lo pronto, cabe reflexionar, ¿qué sería de nuestras vidas sin una cámara? Y mientras hacemos eso, bien podríamos alzar el celular más arriba de nuestra cabeza, mirar directo al lento y dar clic para inmortalizar nuestro pensamiento en una selfie que, si sale bien, puede ganarnos varios likes en Instagram, Facebook o Twitter.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Peter Brook, 20 de agosto de 2013.

Fotos: Archivo

Fuentes: Revista del Consumidor núm. 441. Noviembre 2013.


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