Posted 13 mayo, 2014 by Consumidor in Blog
 
 

Movilidad sustentable: Compartiendo un destino

Durante muchos años, el automóvil fungió como un símbolo universal de estatus y éxito social. Sinónimo de comodidad, libertad y autonomía, en apenas unas décadas su uso se popularizó en cada rincón del orbe, llegando a ser considerado como un producto de consumo básico. Sin embargo, el colapso de las vialidades que ocasiona el elevado número de automotores, los traspiés de la economía global y el daño al mediambiente que provocan las emisiones de dióxido de carbono, están urgiendo a la sociedad civil y a los gobiernos de todo el mundo a replantear el uso de los vehículos privados en aras de una movilidad que sea sustentable. ¿Sabes qué opciones se están desarrollando para ponerte en movimiento sin afectar la ecología, fortaleciendo el tejido social, e incluso mejorando tu salud? Descubre cómo el consumo solidario puede llevarnos a una mejor calidad de vida en las ciudades.

Actualmente, más de la 77% de los mexicanos vivimos en 384 ciudades repartidas en todo el territorio. ¿Te parece que vivimos un poco apretados? Porque para 2030 se espera que seamos 81%. Problemas como el tráfico, los trayectos demasiado largos y la contaminación merman día con día la salud y la calidad de vida de sus ciudadanos.

Para solucionar estos problemas, nuevas tendencias de consumo están haciéndonos cambiar el paradigma de la individualidad por uno en el que imperen la cooperación y la solidaridad. De esta forma, el consumo solidario se perfila como una forma de movernos de manera sustentable, sin dañar al medioambiente, fortaleciendo el tejido social y mejorando la salud.

¿Qué es el consumo solidario?

Compartir  es parte de la esencia y de la naturaleza de las personas, a pesar de que a últimas fechas la individualidad exacerbada se postule como el único modelo de existencia posible.

Las acciones solidarias y cooperativas generan más beneficios y satisfacciones que las individualistas. No en balde compartir es un valor que se manifiesta al reconocer que, para cualquier objetivo, no bastan los esfuerzos individuales, sino que, por el contrario, consiste en sumarse a otras personas o grupos que comparten intereses y necesidades.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la solidaridad, además de ser un requisito de carácter moral, es también una condición necesaria para la eficacia de las políticas de los países y los pueblos. Y ni hablar de las ciudades.

En términos de ciudadanía, la solidaridad se refiere a los lazos sociales que unen a los miembros de una comunidad entre sí, debido a que implica apoyo y proacción, además de un deber de justicia y de equidad social que abre la posibilidad de recibir ayuda, y que también está dispuesta a dar.

A lo largo del tiempo hemos visto numerosos ejemplos de solidaridad y colaboración, como cuando ocurre algún desastre natural, en el que la población ayuda desinteresadamente, o cuando hay alguna causa como recaudar fondos para enfermedades o para la protección de los animales; y aunque a veces no nos demos cuenta, nuestras decisiones de compra también pueden ser solidarias, porque tenemos la opción de evitar adquirir productos que son elaborados explotando el trabajo de obreros o niños, de preferir comprar productos locales, o de realizar acciones que contribuyan a disminuir nuestro impacto, o huella ecológica, en el planeta.

De esta forma, el consumo solidario puede ayudar a resolver los problemas de movilidad al interior de una ciudad. A continuación te mostramos tres ejemplos que ya están funcionando en México.

1. Automóviles: ni sin ellos ni con ellos

Los embotellamientos se han convertido en uno de los principales enemigos de la calidad de vida en las grandes ciudades. Un estudio realizado por la firma IBM posiciona al Distrito Federal como la segunda ciudad con más tráfico en el mundo, sólo superada por la capital de China, Beijing. Durante sus horas pico, los automóviles que circulan por la capital alcanzan una velocidad promedio de 15 km/h, prolongando hasta el hastío los trayectos.

El punto clave para entender el porqué del tráfico se encuentra tanto en la planeación de las ciudades como en el aumento del parque vehicular y el uso excesivo de estos vehículos.

Tan sólo durante 2011 se vendieron 931 mil 389(1) autos en todo el país, sumándose a los que ya se encontraban en circulación. De igual forma, en ciudades como el Distrito Federal, el índice de ocupación por automóvil es de 1.7 pasajeros, lo que significa utilizar 50 veces más espacio para mover a una persona en coche que en transporte público.

Por si esto no fuera suficiente, los vehículos particulares son los responsables de casi el 70% de las emisiones contaminantes en las ciudades, generando que en México se pierdan entre 90 y 110 mil millones de pesos anuales por gastos en salud relacionados con la contaminación del aire (2).

Es importante considerar que la cantidad de CO2 emitida por un automóvil depende de varios factores como el tipo de vehículo, la eficiencia del motor, su potencia, el peso, la forma de conducción, entre otros, lo que hace que el rango de emisiones sea muy amplio y vaya desde coches que emiten por debajo de los 100 gramos de CO2 por kilómetro, hasta los que emiten más de 400 g/km (3), volviendo al automóvil uno de los medios de transporte menos eficientes por número de pasajeros transportado.movilidad sustentable

Aun cuando todavía se considera que poseer un automóvil es un símbolo de estatus, cuando analizamos lo que implica tenerlo nos damos cuenta de que se convierte en un gasto importante y en ocasiones hasta en una carga. Es por ello que, en los últimos 20 años, en países como Alemania y Japón ha disminuido la compra de coches nuevos por parte de los jóvenes, hasta un 30% (4).

En ciudades de todo el mundo, las opciones de compartir automóvil y organizar viajes grupales para asistir al trabajo o a la escuela se están volviendo una opción viable, reduciendo el número de autos por persona. De acuerdo con estimaciones de empresas en México, con dicha iniciativa, por cada auto compartido salen de circulación hasta 20 coches (5).

Esta modalidad de compartir el auto no es nueva, pues ya existía en países de Europa o Estados Unidos desde la década de los ochenta, y en nuestro país comienza a organizarse de dos maneras: como carsharing o como carpooling.

En el caso del carsharing o autos compartidos, la empresa que presta este tipo de servicio ofrece una flotilla de autos específica para alquilar. En la Ciduad de México podemos encontrar ya un programa en el que se puede rentar un auto desde una hora hasta varios días, y tiene planes de extenderse a las ciudades de Puebla, Querétaro y Guadalajara.

En el carpooling, particulares se ofrecen para compartir su automóvil y obtener así un pequeño ingreso, beneficiándose ambas partes.

Consumo sustentable

2. Sistemas de transporte BRT: buenos, bonitos y baratos

Esta modalidad de transporte público se ha consolidado alrededor del mundo como una alternativa viable para mejorar la calidad de vida en las ciudades.

De acuerdo con el documento The BRT Standard 2013, los sistemas de autobuses de tránsito rápido (o BRT, por sus siglas en inglés) se caracterizan por contar con:
“Una sección de una calle o calles contiguas atendida por una o múltiples rutas de atobús que tiene carriles exclusivos por una extensión mínima de cuatro kilómetros”.

Gracias al uso de un carril confinado, este sistema combina la flexibilidad de los autobuses con la velocidad y confiabilidad de sistemas de transporte sobre vías, como el metro o los trenes urbanos. Debido a que no existe un modelo único, en cada ciudad se adecua a las características del entorno y las necesidades de movilidad de la población.

Su eficacia aumenta al intregrarlos como parte de una red que articula distintas formas de transportarse, como biciestacionamientos, ciclovías, estaciones de tren subterráneo, teleféricos, etcétera. De igual manera, los gastos de construcción de los sistemas BRT son mucho menores a los que representaría construir una línea de transporte subterráneo o elevado.

Y, quizá, una de sus mayores bondades sea que equilibra la distribución de las vialidades, “robándole” al menos un carril a los automóviles (o devolviéndoselo a las personas), convirtiéndose en una forma de transporte solidario. Ello sin mencionar que reduce significativamente las emisiones de dióxido de carbono.

Sin embargo, no se trata de un modelo perfecto. Uno de sus principales problemas es que, debido a las intersecciones con calles, y a pesar de contar con carriles confinados, los sistemas BRT no están exentos de accidentes o de contratiempos como embotellamientos o marchas.

De igual forma, en espacios densamente poblados y con espacios reducidos -como los centros históricos de las ciudades- su operación deber ser más lenta. Y, aunque los esfuerzos han sido grandes, su capacidad aún no logra igualar a la de los trenes subterráneos, como el metro, que siguen moviendo a millones de personas día con día alrededor del mundo.

Consumo sustentable

3. Pueblos bicicleteros

Hace algunas décadas se utilizaba el término “pueblo bicicletero” como peyorativo. Sin embargo, a raíz de los congestionamientos viales, las subculturas urbanas y el aumento de conciencia ecológica entre los ciudadanos, los espacios poblados por peatones y bicicletas se han convertido en una nueva utopía.

Y no sólo eso, también en una solución de movilidad que diversos gobiernos alrededor del mundo han implementado. Ciudades como Copenhague, Ámsterdam o Beijing se han convertido en “paraísos de la bicicleta”. Su uso no sólo ha disminuido la contaminación ambiental que producen  los automóviles y reducido los índices de tráfico, también ha mejorado la salud de sus habitantes y fungido como pieza clave en al restauración del tejido social a nivel barrio.

Debido a estas bondades, los gobiernos de diversas ciudades han buscado propiciar el uso de este vehículo a través de la mejora y adaptación de las vialidades, además de programas de renta de bicicletas compartidas. En nuestro país, la Ciudad de México ha sido el puntero en este tema, obteniendo con su programa Ecobici datos alentadores que han llamado la atención de alcaldes de todo el mundo.

Este tipo de programas son ideales para viajes menores de 8 kilómetros en territorios donde el terreno es regular y el clima templado, como la Ciudad de México. No obstante, su implementación acarrea la necesidad de un programa de educación vial integral donde tanto ciclistas como automovilistas puedan aprender a convivir de manera respetuosa en las calles, entre ellos mismos y con los peatones.

Consumo sustentable

 

 

 

 

 

 

Estas tres formas de consumo colaborativo evidencian cómo la participación ciudadana y la solidaridad que demostramos ante los desafíos de la vida moderna fomentan una sociedad más consciente y crítica, que no sólo exija soluciones, sino también que contribuya a resolverlos, haciendo un consumo colaborativo de los bienes y servicios con los que contamos.

 

 

 

 

Fuente: Revista del Consumidor. Edición de noviembre 2013, número 440

Notas:
(1) Mexican Busines Web, julio de 2012.
(2) Escuela virtual de consumo, s.f.
(3) Ecologistas en acción, 2009.
(4) Reporte Índigo, septiembre de 2013.
(5) Carrot Beneficios ambientales, s.f.

Fotos: Archivo


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