Qué hacer si…
 
 
 
Qué hacer si...
 
QHS06
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¿Reservaste una habitación en el paraíso, pero te mandaron al infierno? ¡No te dejes! La ley está de tu lado. Conoce los derechos que adquieres cuando reservas una habitación a un proveedor de hospedaje. Por fin, hoy te vas de vacaciones. Maletas en mano, te dispones a disfrutar de cinco increíbles días de descanso y diversión. Llegas al hotel, que prudentemente habías reservado meses atrás, y te topas con la bonita sorpresa que te da el recepcionista: “Lo siento, su reservación no existe”. Sea cual fuere la razón que esgrima el proveedor (que hubo un error, que por temporada alta ya no tiene habitaciones, que sobrevendió, entre las más comunes), la ley está de tu lado: el Artículo 7 de la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC) señala que el proveedor (en este caso, el hotel): Además, el Reglamento de la Ley General de Turismo (LGT) apunta que los establecimientos de hospedaje deberán “respetar las reservaciones hech...

 
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Todos hemos oído hablar de ellos. Pero, ¿qué son los autofinanciamientos? No son un préstamo, tampoco un crédito. Y, aunque te lo ofrezcan hasta en la tiendita de la esquina, debes conocer a fondo todo lo que implica este servicio antes de contratarlo. Contrario a lo que mucha gente piensa, el autofinanciamiento no es un préstamo, tampoco dinero en efectivo, mucho menos un crédito. Se trata de un sistema de comercialización que funciona de forma similar a las tradicionales “tandas” que organizamos en el trabajo o entre conocidos. Cuando un miembro del grupo ha cumplido con lo establecido en su contrato, le podrá ser entregado el monto adjudicado para la adquisición del bien o servicio pactado. Pueden ser bienes muebles nuevos, regularmente automóviles, o inmuebles, como casas habitación o locales comerciales, así como servicios de remodelación, ampliación o construcción. La adjudicación de estos bienes o servicios se realiza...

 
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¿Mal de muchos, consuelo de tontos? No necesariamente. Gracias a las recientes reformas en materia de acciones colectivas, los consumidores afectados por un mismo proveedor podemos agruparnos para hacer valer nuestros derechos. Un factor insoslayable en la supervivencia de nuestra especie ha sido la capacidad de agruparnos para lograr metas que, individualmente, habrían resultado difíciles de alcanzar. En décadas pasadas, las llamadas “acciones colectivas”, emprendidas por consumidores alrededor del mundo signifi caron un avance tremendo en la defensa de nuestros derechos. ¿Por qué? Bueno, imagina que la casa que compraste no te la entregan o tiene defectos en la fabricación; una aerolínea que, de la noche a la mañana, anuncia que ya no emprenderá el vuelo; que una empresa tecnológica lanza al mercado un modelo de celular defectuoso, o simplemente compraste un producto que prometió algo que no era realidad. Ahora imagina que...

 
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Todos, alguna vez, hemos devuelto un producto. Una “reposición”, según la Ley Federal de Protección al Consumidor. Sin embargo, quizá te hayas topado con proveedores que se niegan a reponer el artículo o a devolver el importe pagado. ¿Sabes qué hacer si esto sucede? Antes que todo: no perder los estribos. Contrario a lo que muchos piensan, este tipo de situaciones está previsto en la ley. De acuerdo al Artículo 92 de la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC), tenemos derecho a exigir la reposición del producto o la devolución de nuestro dinero: En pocas palabras: cuando nos dan “gato por liebre”. Si el producto que adquirimos está incompleto, roto, en mal estado o no coincide con las especifi caciones que debe tener de acuerdo a su publicidad o empaque, tenemos derecho a que nos sea repuesto el objeto (lo que comúnmente entendemos como devolución) o que se nos devuelva íntegro el dinero que pagamos por él. Tal y como...

 
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12-RC420Accidentesnegocio
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Los accidentes son eso, accidentes. Sin embargo, en algunas ocasiones se deben a un servicio deficiente. ¿Sabes qué hacer cuando te lesionas en un establecimiento comercial debido a la negligencia de algún proveedor? Déjanos ilustrarlo con un caso real. Doña Josefina, de 89 años, acordó un día reunirse a comer con sus amigas. Armada con su andadera, llegó al restaurante, donde ya la estaban esperando. Tras una comida sin contratiempos, se encaminó al baño. Como el pasillo del sanitario era muy estrecho, le fue imposible pasar con su andadera. Los gabinetes tampoco contaban con agarraderas para ayudarle a sentarse en la taza. Como era previsible, doña Josefina se cayó. Sus gritos alertaron a una amiga, quien no logró abrir la puerta porque estaba cerrada por dentro. Una comensal se deslizó bajo la puerta para liberar el seguro. Al arribar la ambulancia, debido a la estrechez del pasillo, tuvieron problemas para pasar la camil...